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Rutas simultáneas (2008-2010) partió de un viaje en autobús que hizo Jakob de Madrid a Valencia y yo de Valencia a Madrid antes del estallido de la crisis económica en España. Al cotejar nuestros apuntes nos dimos cuenta de que nuestras observaciones se parecían, sus dibujos y mis palabras. Es una película de un efecto menos inmediato que otras, concreta y abstracta a la vez. Concreta como las fábricas de cemento abandonadas (en uno de los ejes económicos más importantes del país) que eran la premonición del absoluto pinchazo de la burbuja inmobiliaria. Concreta como el sonido de una mosca en un solar vacío y los diálogos de la película que ponen en el autobús. Abstracta como las percepciones de diferentes velocidades, las líneas grabadas en linóleo que podrían ser carretera, pero también son línea en el tiempo.

En principio, yo hubiera preferido reelaborar el poema e integrarlo más en la imagen, pero Jakob estaba enfrascado en cómo superponer un viso de paisaje de fondo y los grabados de la carretera y acabamos por no complicar más la obra de lo que ya estaba. Para mí es más bien una película poética- filosófica, yo veía el ser de las diferentes velocidades, la simultaneidad, un ir y venir por el mismo camino al mismo tiempo, que me recordaban la filosofía de Spinoza. Claro que soy consciente de que esas asociaciones no las tiene cualquiera. De manera que suelo afirmar que Rutas simultáneas es la premonición de una crisis. El “precio del crimen” de lo que estalló poco después parece ser que no lo pagarán los culpables. Es lo habitual. En todo caso, se puso la película en Valencia y el grupo de espectadores no la entendió, tal vez porque este tipo de cine experimental se muestra poco allí, pero seguramente también porque no se percibe como premonición de nada lo que se ve de pasada con mucha frecuencia. Tanto en Berlín como en Múnich fue más fácil transmitir el contenido en su forma y dialogar con el público.

Terrorsounds empezó como película por el sonido y el ruido. El recuerdo sensorial de tres explosiones de bombas, ya que el cine no puede transmitirnos el olor, tenía que llegar a través de un paisaje sonoro urbano y de la imagen. Las palabras se integran en la imagen en movimiento, viajan por la vía del tren, surgen como amenaza o como noticia de las pantallas de la estación

Hay todavía un nivel de grábados de linóleo que procede de una primera versión muda, Nuevo otoño, planificada para ser proyectada en una pantalla sobre la estructura metálica de un gasómetro de Berlín. No se llegó a realizar y el gasómetro está hoy en día libre de pantallas, con lo bien que le sentaría que le proyectaran algún atrevimiento.

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