EL DIABLO EN LOS DETALLES
Sobre Biutiful y manterosmanteros2

AGENCIA TESS

Como no me gustan los dulces, había decidido pasar mis Navidades en Madrid en el cine, lo cual se puede entender de muy diferentes maneras.
En Madrid muchas veces no sabe uno si la historia más cinematográfica está en la calle, en casa o en la pantalla. Si a veces le he comentado a algún amigo alemán: „Almodóvar no es nada comparado con esto“, es porque las exageraciones de la realidad con frecuencia superan a las de la ficción.
De todas maneras, la película es celuloide, o últimamente también datos en un disco duro, es guión, interpretación, fotografía, música, sonidos, montaje. Por muy exagerada que sea una realidad, sin un montaje de sus ideas más interesantes, la tomas tal como es y pasas de largo.
En el avión iba leyendo un libro en inglés sobre Alejandro González Iñárritu, aunque me interese casi más su ex-guionista, Guillermo Arriaga. La película que me faltaba para completar lo que ha hecho hasta ahora es Biutiful, que se estrenaba justo esa semana en España.
El día después del estreno los manteros que se ponen a diario delante del centro comercial ya le habían preparado un homenaje: novedad novedosísima, todos los manteros cinematográficos tenían Biutiful encima de la manta. No sería interesante si no fuera porque uno de los temas de Biutiful son ellos, aunque se los sitúa en Barcelona y venden bolsos fabricados por chinos en talleres ilegales. Imagínense lo que hubiera ocurrido en España si los manteros en la historia de Iñárritu hubieran sido los que venden películas y música, en plena discusión sobre los derechos de autor y el derecho al intercambio de archivos en Internet entre la Ministra de Cultura, la Sociedad General de Autores y las asociaciones de internautas. Los manteros, claro está, no entran en esta discusión, puesto que la ilegalidad de la venta callejera se tolera más o menos, pero todos sabemos que de alguna manera tienen que ganarse la vida y las hay peores.
Me dije: „Lástima que sea venta ilegal y con imagen de mala calidad. Con lo bien que me vendría a mí poder comprar ese DVD ahora.“ No por ahorrarme el dinero de la entrada de cine, ni mucho menos, aunque esté cara, sino porque a los que analizamos películas nos resulta bastante útil poder tener la „obra“ en casa.
Algunos críticos estaban ya afilando las garras antes de ver Biutiful porque la muy sonada separación de Alejandro González Iñárritu y Guillermo Arriaga hacía temer que ahora se notara lo que pierde un buen director cuando se queda sin las historias de un buen „escritor de cine“, como le gusta denominarse a Arriaga.
Sin embargo, lo que se le reprocha a Iñárritu, que haya buscado unas imágenes de Barcelona como si fuera México D.F. , supone que no se entienden del todo sus puntos de partida estéticos que, en este caso, en parte coinciden con los de Arriaga. Javier Bardem lo ha dicho en sus declaraciones, su personaje en Biutiful es como de tragedia griega. Yo iría más allá, Iñárritu y Arriaga empezaron a desarrollar ya en Amores perros un tipo de tragedia urbana „chilanga“, es decir, con su origen en México D.F. Iñárritu pasa de las historias con multiprotagonista que escribía Arriaga a la de un antihéroe trágico del mundo suburbial barcelonés, con una tragedia familiar y personal, que se mueve entre un coro de manteros africanos y otro de fabricantes y trabajadores chinos, muy alejados ya de lo que eran este tipo de personajes en la tragedia griega. Su cine no es un espejo de la realidad, sino una composición trágica que toma elementos que se pueden encontrar en la realidad.
Sin embargo, se dice en alemán que „Der Teufel steckt im Detail“, es decir, que el diablo se esconde en los detalles. Yo diría que sí hay algunos puntos del guión que pueden ser criticables. Se le podría dar la razón a González Iñárritu en que esos elementos de la realidad barcelonesa que muestra desde luego existen: las condiciones de vida de los manteros, las fábricas ilegales regentadas por chinos, los enfermos de cáncer con familia y sin un trabajo legal. Pero lo que no entendí bien es cómo es posible que el padre del personaje protagonista huyera a México durante la Guerra Civil. Si la película presenta la Barcelona actual, y el protagonista tiene dos hijos que van a la escuela, el personaje que se marchó a México debería haber sido su abuelo.Es una pura cuestión de verosimilitud. Si se hubiera cambiado este hecho, el protagonista no hubiera sido huérfano, sino nieto de un exiliado, lo cual le hubiera dado un giro a su tragedia.
Por otro lado, no es la presentación de las condiciones de vida de los manteros la que parece exagerada, sino que se pongan a vender droga en una calle tan céntrica y comercial de Barcelona. Se trata de otra cuestión de verosimilitud: la ficción es la ficción, pero los manteros sólo son ilegales, no suicidas. La droga se vende en otras esquinas y en la mayor parte de los casos la vende otra gente, pero claro, cómo hacer entonces que tengan problemas con la policía. Por otro lado, una persecución policial de manteros por las calles del centro de Barcelona como la que se mostraba en la película, más parece una exportación de persecuciones en el cine estadounidense que una escena que pudiera darse en esta ciudad. A los manteros la policía les pide los papeles, los echa de las zonas comerciales, recogen deprisa en cuanto se dan cuenta de que puede pasar algo, puede que detenga a alguno, pero ¿se arriesga la policía barcelonesa a llevarse por delante a ciudadanos que están de compras o regresan del trabajo o a que haya accidentes de tráfico por detener a un mantero?
Inverosímil me pareció también que los cadáveres de los trabajadores chinos ilegales se arrojaran al mar, siendo esta una comunidad tan bien organizada que durante muchos años no llegó ni un solo cadáver ni siquiera al cementerio porque la documentación se utilizaba para falsificar la identidad de los próximos ilegales. Siempre puede haber en imprudente en la comunidad, claro, todo es justificable. Supongo que a Iñárritu le interesaba captar la imagen de los cadáveres apareciendo en la playa, igual que querría darle ritmo a la película con una persecución de manteros, pero que en España muchos no consigan creerse estos detalles del guión se debe a todo un trasfondo cultural que seguramente a él le resulta un tanto ajeno.
Y precisamente estos son los problemas que se producen en el cine transnacional. Desde luego que se pueden utilizar elementos de la „tragedia chilanga“ y trasladarlos a Barcelona, Madrid, París o Berlín, pero, a su vez, cada una de estas ciudades tiene unas características específicas que hacen que esos pequeños detalles que funcionan en una película situada en México D.F. no tengan razón de ser al trasladarla de lugar.
Al salir del cine, un percusionista español tocaba toda una batería de cocina en la parte habilitada para músicos y manteros del metro de Plaza España. Su vecino senegalés, que estaba vendiendo bolsos, se mostraba muy interesado y casi le estaba pidiendo una improvisación de cacerolas a cuatro manos. Los demás subíamos y bajábamos por las escaleras mecánicas observando este teatro cotidiano. En el barrio un joven chino me vende en su negocio legal la pila que necesitaba para la cámara.

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