FIN DE FUGA

LÍNEAS DE FUGA

Has desamanecido el telón del cielo sobre el capot de tu limusina importada. Los colores, abstraídos de escarcha, se anticipan al despertar de los insectos, a las escasas culebras que anidan entre manchas de aceite y restos de neumático.

Recoges a tu ayudante en la fonda del pueblo más cercano, y el olor a paredes rancias, las fotografías amarillentas colgadas en el pasillo, te devuelven fugazmente a ese remanso de ásperas costumbres que acabará más pronto o más tarde mecanizado y mediatizado.

Los primeros vehículos salen a la carretera. Tomas notas en el asiento trasero mientras el gallardo varón que se ha hecho cargo del volante se agita los sesos con un tema de Prince (¿o es de Michael Jackson?).

- Oye, Jorge, ¿qué te parece si le ponemos esta música al documental sobre la catedral de León?

A menudo tienes la sensación de que este chico no te escucha. Tu voz parece llegarle desde las profundidades de un túnel del tiempo.

- Jorge, ¿qué te parece si...?

- Mira, madame, no empecemos a dar la vara. Si quieres que la cambie por una de Bach, pues lo dices y punto.

- Pero si iba en serio... O el "Simpathy for the devil", ¿te imaginas?

- A ti lo del surrealismo te ha dejado un poco tocada. A Dios lo que es de Dios y al César lo que nos ha encargado. Y si no dedícate a los videoclips, que ahí se nota menos.

- Poco futuro iba a tener. A ver quién se atreve a promocionar bakalao con imágenes de dolorosas y cristos crucificados...

- Pues te podía recomendar yo un par de cintas un poco ...tirando a gore, sabes, pero...a ti te debe ir más lo gótico...

- Mira, yo te digo que el documental lo empiezo con un San Sebastián acribillado por agujas hipodérmicas. Pensar que vamos a producir cultura oficial me revuelve las tripas.

Las vidrieras de la catedral de León. En el apartamento vidrieras, y contemplar a la vecina pelirroja antes de acostarse desde un escondite consagrado a la meditación espiritual en panavisión, con la solera que le aportarían a tu habitación unas insignificantes reliquias arrebatadas al patrimonio artístico nacional. Y le explicarías a la nena, schau mal, mein Schatz, cómo saca mamá provecho de sus profanaciones, y si no hay piedras ya, ni rostros que no nos reclamen extrañas...

- ¿Pasamos primero por Cuenca?

- Como quieras. Hace 25 años que no piso el Museo de Arte Contemporáneo.

- ¿A qué te dedicabas entonces?

- A lo mismo que tu padre, supongo.

- Te explicas como los ángeles.

Había sido un proceso de fuga que se te había reprochado por la premeditación y alevosía con que lo habías llevado a cabo. Qué motivos podías tener si no estabas retenida, aislada, vigilada. ¿No es suficiente alegar que necesitabas desertar de las premeditaciones, decidirte por otra ciudad, otra lengua, otra piel?

Quisiste evitar convertirte en un payaso de las bofetadas que le ha perdido el miedo a salir a escena, siempre en pie, dolido, dando la cara. Leíste en alguna obra clásica que escribir en España era morir ( y eso con suerte) y no estabas segura de poder reencarnarte. Qué patetismo a estas alturas. Ya está bien. Para qué ibas a hacer recuento ante este jovencito bien parecido, si tu biografía le iba a aburrir más que un novelón de posguerra ( con perdón).

- ¿Sabes que tengo una hija de diez años?

- Una enfant terrible, fijo.

- Todavía no es tan bífida como su madre, pero ya llegará.

- Tú de pequeña debías de ser bastante insoportable.

- Gracias por el cumplido.

La primera piedra de la catedral de León la puso... El principio del principio. Y esas construcciones casi abandonadas que se empeñan en presentarle duelo al paso de los siglos.

La fertilidad de la inexperiencia, si es que hubo algo semejante, es irrecuperable.

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