FELIZ AÑO, DINAMITA

Han cortado la carretera como cuando era más joven y vivía en esta ciudad. Controles en los accesos a la capital, atascos para volver del trabajo a casa, el DNI, por favor, abra el maletero, qué lleva en esa mochila. Así como hemos crecido, no nos queda ya ni el miedo cuando se produce un atentado. Es la costumbre le digo a un mexicano, sí, ya estamos más que acostumbrados, añade una madrileña mientras intenta que no se le escape su hija hacia la multitud. Es como en mi país en los 80, dice el guatemalteco.

No es la primera bomba, claro. Cuando les pregunté a mis estudiantes berlineses por sus experiencias con la violencia, no tenían ninguna memorable. Me quitaron el monedero en la biblioteca sin que me diera cuenta. Vaya. Mala suerte. ¿Algo más? No, la verdad... ¿No os han asaltado con pistola o con navajas? No...Nunca. Qué más les voy a preguntar, no os ha puesto contra la pared la policía secreta después de repartir golpes a diestro y siniestro, no se han llevado nunca a comisaría a un amigo vuestro que no había hecho nada, no os han puesto una pistola ante el pecho en un descampado, no os ha temblado la cama cuando intentabáis dormir por el impacto de una bomba...No, no se lo pregunto. Tampoco sus abuelos estarán en una fosa común. En fin, me tocaron muchas papeletas para acabar siendo escritora de novela negra y no las he aprovechado.

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